
Luego de muchos
años y e igual cantidad de esfuerzos, finalmente abrió sus puertas este parque
que —entre otras cosas— cobija a La Saladilla, una casi desconocida estancia
jesuítica. Fue tierra de olongastas y capayanes; en el lugar vivió un ingeniero
francés y su hija tuberculosa; y hasta sirvió de campo de entrenamiento de
militares que actuaban en el Operativo Independencia.
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