
Salimos de
Maipú, no sin antes pasar por Trapiche, con su historia de compras y ventas, un
interminable “pasamanos” que de alguna manera pinta el panorama de las bodegas,
en su relación con los grandes capitales internacionales de inversión. Al
margen de lo duro de las monedas, también tenemos lugar para algunas anécdotas
(sino graciosas, al menos absurdas). Y partimos hacia La Carrodilla, su
iglesia, la virgencita en su carretilla coupé y la casona de Solanilla, el
amigo de San Martín. En el viaje hacia Godoy Cruz, aparece otra iglesia (de
extraño formato externo) y —siempre bajo la lluvia o llovizna— llegamos a las
tierras de San Vicente Ferrer, a la ciudad que tuvo tres nombres diferentes y a
donde las bodegas son ahora súper o híper mercados (chilenos o franceses).
Terminado nuestro trabajo en la simpática Godoy Cruz, partimos hacia nuestro
destino final en la etapa: Mendoza Ciudad. Recuperamos el aire urbano de los
bocinazos, del humo de los camiones y colectivos y de la falta de espacio para
estacionar. Acompáñenos a otro fragmento de esta aventura de conocer nuestro
país, haciendo click en la imagen o ingresando directamente desde
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